Resiliencia, vulnerabilidad y amor
- Nicole Rapozo Mejía
- 1 ene 2021
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 16 nov 2023
Hace apenas unas horas nos despedimos de un año que desafió a la humanidad de maneras inesperadas. El 2020 nos sometió a pruebas, nos enfrentó a murallas infranqueables y nos sumergió en vicisitudes inimaginables. A pesar de todo, también nos regaló momentos de alegría, esperanza, unidad y amor.
En un instante, el mundo entero se detuvo. Se suspendieron las agendas personales, los planes futuros y esos deseos egoístas que solo buscaban satisfacer intereses individuales. Sin buscarlo, todos los países y sus habitantes adoptaron un mismo propósito: salir indemnes de la tormenta del COVID-19. La pandemia, que nos distanció físicamente de nuestros seres queridos, también desencadenó una conexión espiritual y emocional entre cada persona que optó por no rendirse y salir victoriosa de esta gran prueba.

El recorrido fue todo menos sencillo. Cada mes que pasó fue un recordatorio constante de que la verdadera valentía no es solo una emoción, sino un estilo de vida. La resiliencia humana fue sometida a pruebas a través de pérdidas, desafíos sociales, políticos y económicos; una verdadera catástrofe que puso a prueba nuestra fortaleza. Y lo que muchos pasaron por alto fue que en los momentos en que todo parecía perdido, fue cuando la manifestación divina se hizo evidente. Durante esos 365 días, vivimos lo que nos enseña 2 Corintios 12:9-10:
Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se
perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré
más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.
No importa cuánto intentemos proyectar una imagen imponente, la realidad es que siempre tendremos limitaciones. Durante mucho tiempo, tratamos de ocultar, borrar e incluso olvidar esas limitaciones, creando una imagen irreal y expectativas imposibles de cumplir. El 2020 llegó para recordarnos que, además de ser fuertes, también somos vulnerables. Habrá días buenos y malos, las cosas no siempre saldrán como se planifiquen, pero aún así, la vida sigue siendo un regalo divino y debemos vivirla con intención.
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